Se cumplen 39 años de la muerte de Javier Quesada durante una huelga obrera y estudiantil

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Héctor Fajardo / S.C. de Tenerife

La isla de Tenerife se viste de luto hoy para recordar la figura de Javier Fernández Quesada, estudiante de Biología fallecido hace 39 años a manos de un Guardia Civil, tras una manifestación estudiantil en la Universidad de La Laguna. Quesada tendría hoy 62 años. Sin embargo, una bala por la espalda quebró su vida a la temprana edad de 23 años, el 12 de diciembre de 1977. Dadas las características de la propia Ley de Memoria Histórica y los plazos que establecía, la figura de Quesada, en un primer momento no pudo acogerse a este supuesto. Este hecho fue denunciado, en su momento, por varios grupos políticos, que consideraron injusta esta pobre consideración con el grancanario.

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Concentración sindical tras la muerte del estudiante (Intersindical Canaria)

La isla vivía en esos días una etapa notablemente convulsa. Tenerife acogía un importante conflicto laboral que había obligado a la celebración de una huelga general en la isla. Las industrias del Frío (productos congelados), del transporte público y la del Tabaco, entre otros sectores, habían logrado parar a más de 7.000 trabajadores. En torno a 15 empresas del área metropolitana habían secundado la huelga y los más de 100 despidos llevados a cabo, propiciados por la división interna de los sindicatos y el aprovechamiento de esta tesitura por parte de la patronal, había creado un ambiente de inestabilidad que despertaba terror y preocupación entre todos los sectores de la sociedad isleña.

Tenerife amaneció ese 12 de diciembre tomado por la policía. El sindicalista de Intersindical Canaria, Jaime Betancourt, calificó ese día como “auténtico Estado Policial”. Los efectivos antidisturbios de la antigua Policía Armada, comúnmente denominados los grises, habían reprimido cualquier revuelta popular y en la mañana de ese frío 12 de diciembre fueron requeridos para actuar ante un grupo de estudiantes que habían tomado las calles cercanas al campus universitario.

Esta manifestación fue convocada por la Asamblea de sectores en lucha, varias organizaciones sindicales como la FSOU, CCT, SOC y ATT, que posteriormente pasarían a formar parte de la conocida como Intersindical Canaria, y varias organizaciones políticas de corte nacionalista. Este movimiento estudiantil derivó tras la larga lucha mantenida hasta el momento por los trabajadores con las correspondientes patronales. Los jóvenes universitarios se habían posicionado en defensa de los intereses del trabajador y un característico activismo político de la época los empujaba a salir a la calle demandando más libertad. Javier Fernández Quesada, estudiante grancanario de Biología, era uno más en la manifestación y su activismo le había obligado a acudir a la protesta.

La maquinaria franquista aún regía los designios de la política, ya que todavía no se había revolucion-permanente-javier-fernandez-quesadaimplantado la Constitución como reglamento supremo. La huelga y manifestaciones continuaban siendo situaciones de ilegalidad manifiesta, las cuáles eran sofocadas con rapidez.

El diputado de Nueva Canarias, Román Rodríguez, estuvo el día que asesinaron a Quesada y manifestó que “fue un día realmente duro”. Rodríguez fue testigo de los hechos y aseguró que vio como “los agentes de la Policía Armada se retiraban mientras entraban en el recinto una decena de guardias civiles. Los agentes sin mediar palabra comenzaron a disparar hacia nosotros mientras corríamos hacia el Hall del edificio principal”.

Rodríguez habló además del hecho que más le marcó ese día. “Varios manifestantes, mientras corrían a ponerse a salvo, gritaron que un joven había caído al suelo. Tono, un estudiante de sexto año de Medicina; Alberto Navarro, también alumno de esa disciplina, Francisco Araujo, estudiante de Pedagogía y yo, cogimos a Javier con fuerza y lo trasladamos al interior del edificio mientras la Guardia Civil continuaba disparando”. El representante de NC aseguró que “Tono, el más veterano de nosotros, salió con un pañuelo en las manos y solicitó ayuda a los agentes que estaban cargando contra nosotros. En ese momento mi compañero fue golpeado y detenido por la policía”.

Según el relato de varios testigos del hecho, “el cuerpo de Quesada permaneció en el recinto mientras varios alumnos de Medicina le atendían, aunque comprobaron rápidamente que había fallecido casi en el acto”. El libro Javier Fernández Quesada. No olvidamos, escrito por el abogado, ya fallecido, Miguel Ángel Palarea, recoge entre sus páginas la autopsia realizada al joven que dictamina que “el impacto limpio de una bala le causó la muerte, tras atravesar su esternón y salir por un orificio de la espalda”.

Los días posteriores se convirtieron en un auténtico hervidero de noticias. Las publicaciones más importantes a nivel estatal recogían el suceso y sus editoriales estaban dedicadas al brutal asesinato de Javier. Esa semana Interviú sorprendía a los lectores con una instantánea en su portada de un guardia civil sujetando su arma y un singular título encabezaba la imagen: “tiro al canario”.

El joven grancanario, muerto hace 39 años por el disparo de un guardia civil, aún no ha recibido la consideración de víctima del franquismo, tal y como varios grupos políticos y sindicatos han demandado. El agente que acabó con su vida estaba desplazado a sofocar una protesta estudiantil en el campus universitario de la ULL, en Tenerife. Tras el suceso, y dada la trascendencia del acontecimiento, se abrió una investigación al respecto. Sin embargo, el agente jamás recibió castigo alguno, ni el cuerpo policial implicado adoptó acción sancionadora contra él.

 

“A Javier Quesada no lo mató una bala perdida”

captura-de-pantalla-2015-12-09-a-las-1-17-29Los días posteriores al asesinato del estudiante Javier Fernández Quesada en la Universidad de La Laguna por los disparos de la Guardia Civil, se produjo en la isla un auténtico revuelo social. Todos los medios de comunicación hablaron durante días del suceso y destacaron dichos acontecimientos en todas sus editoriales. El diario El País o la revista Interviú fueron algunos ejemplos de lo que había significado este acto de terror.

Algunas versiones hablaban de que todo había sido fruto de un accidente y que una bala perdida impactó contra el cuerpo del pobre Javier. Sin embargo, la gran cantidad y el tipo de munición hallada en el lugar desmentían este supuesto. De igual manera, Quesada no fue el único que recibió un balazo ese día. Un estudiante de Farmacia, Fernando Jesurías recibió también un impacto mientras observaba los sucesos desde su azotea. Además, un menor de diez años resultó herido por un proyectil que había rebotado durante las acciones de represión.

Los días pasaron y la situación de conflicto se recrudeció, por lo que desde el Gobierno central se enviaron en torno a 900 nuevos agentes de la Policía Armada que “crearon un auténtico terror en la isla”, según todos los testigos consultados. Jaime Betancourt, delegado de Intersindical Canaria, aseguró a este periódico en virtud de ser estudioso de la figura de Javier y como parte integrante de los actos estudiantiles, que “el caos duró varios días más con actos de violencia entre ambas partes”. Betancourt matizó que “cuando el féretro llegó a Gran Canaria, los actos de rechazo se extendieron allí. Pasaron a ser un asunto estatal cuando en cuestión de horas las calles de Barcelona o Madrid, entre otras ciudades españolas, se sumaban a las acciones de repulsa”.

Hoy, 39 años después, cada vez son más los que se unen para reivindicar la figura de Javier Quesada. En la actualidad un parque en La Laguna recuerda la figura de este joven universitario.

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